domingo, julio 31



Concurrente en lo más próximo del tacto. Así es la muerte. Siempre. 


¡Cuánto garrotazo! 
Como efecto de ataviar codiciados frutos.
Y aquello que puedo ser capaz de expresar y entender, de pronto me invade. 
Y el cuerpo -tan fugaz como un soplo-  es proyectado en esa ínfima fracción de tiempo. En el espejo de lo real. 
Un instante donde todo sucumbe o se eleva
o no pasa nada.
Y en la batida observo y te clamo
y apareces con tus millares de ejércitos.
¿Seré experimentada en paciencia? Aún no. El camino no termina.  
¿Frágil? Me cimenté en la piedra angular donde todo reverdece.
Pero este perecedero semblante no es más que envoltorio.  Adentro, lo más profundo, estás tú, mi gran fuerza. Te permití entrar desde pequeña. Tantas veces creí no me amabas, otras tantas de amor me fundías. Tanto dulce, tanto amargo, frío y cálido. Pero siempre te sentía. Fuerte. Tantas veces te desprecié, sin saber que me laceraba a mí misma. Pero siempre Tú me anegas con toda magia y poder. Preservándome como especial tesoro, pasando por alto todos mis yerros, me haces volver, elevándome hasta tu lugar, con tal fuerza que estoy llena de verdadera vida. El-Shaddai mi gran amor.

Cerro Copey 9/07/2011 
9:30